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Lircay

Perdidos en altos de Lircay

En el año 2012, luego de mi primer Huairasinchi carrera emblemática de Ecuador, a propósito llenita de felicidad por participar en mi primera carrera internacional, nos hicieron la invitación a una carrera en Chile, en Talca, la 7a región, carrera que tiene formatos dúos por etapas. Ansiosos y con poca experiencia, Edwin Rincón mi coequipero de esa época y yo, nos embarcamos en lo que para nosotros ha sido uno de los retos mentales más fuertes de nuestras vidas, o bueno, por lo menos para mí.

Iniciamos en bicicleta ¡mi modalidad favorita! Una etapa de 140 Km para llegar a Altos de Lircay, una reserva hermosa de esta región, a donde llegamos segundos en nuestra categoría, detrás de Verónica Bravo y Rubén Mandure. Iniciamos nuestro descanso para afrontar la segunda etapa de la carrera, un trekking de 80 Km por los alrededores del enladrillado, lugar que según el guarda parques y los locales, tiene alta actividad extraterrestre.

Iniciamos la etapa de trekking, los 80 Km se convirtieron en una tortura. Nosotros teníamos poca experiencia, había que ser muy precisos en la orientación. Había tramos muy técnicos, con laderas interminables y llenas de rocas demasiado grandes. Al llegar al antepenúltimo PC, nos enredamos en la orientación, se hizo de noche y perdimos 10 horas dando vueltas por el mismo lugar. Nuestro cálculo con el alimento y la hidratación no fue el acertado, empezamos a presentar síntomas muy marcados de deshidratación, nuestros labios estaban totalmente secos y partidos con borde blanco y todo. La parte mental comenzó a hacer de las suyas, sentíamos desespero. Yo colapsé mentalmente, empecé a llorar y a pedirle a mi compañero que me llevara a Colombia, pues allá era donde quería morir jajajaja. Él tuvo la calma para ayudar a controlarme y tomó la decisión de que durmiéramos, la mejor decisión de todas ya que de alguna manera teníamos que recargar pila.

Muy temprano, con más calma y un poco más de energía logramos sortear la montaña “Sal si puedes” sí ¡así se llama! Descendimos y nos encontramos unos pozos, quizás los más cristalinos que haya visto hasta el momento, me boté de cabeza, casi me ahogo. Fue en ese momento la sensación más gratificante, era la mejor agua. Continuamos nuestra marcha tomando una pésima decisión: seguir el río saltando pequeños chorros que se convirtieron en cascadas altísimas. Tuvimos que regresar para tomar otro rumbo en el cual vi un zorro de cola blanca hermoso que no sé si fue producto de una alucinación.

Como llevábamos muchas horas perdidos, la organización envió un helicóptero a sobrevolar la zona, éramos los últimos en la montaña. Nosotros vimos el helicóptero, pero para nuestro infortunio, el helicóptero a nosotros no. Con la firme intención de no desfallecer, atravesamos un matorral larguísimo y como cristos salimos de allí encontrando un pequeño caminito que recorrimos como alma que lleva el diablo, correr y correr hasta que de repente vimos la tan añorada cabaña del guarda parque, estaba llena de policías, patrullas, ambulancias y un escuadrón de búsqueda. Del interior salió el organizador con lágrimas en sus ojos del susto tan impresionante que tenía, fueron 50 horas sufridas. Nos abrazamos y ¡a comer!

Un diario local que titulaba “Pareja de colombianos perdidos en altos de Lircay” fue el motivo principal para que muchos chilenos quisieran invitarnos a comer a sus casas. Después de esta experiencia nos dedicamos a pasear.

Escrito por: Lorena Ramos @loreramitos.

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